viernes, 24 de octubre de 2014

MIGUEL HERNÁNDEZ. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta


No soy muy aficionada a las biografías, pero en estas semanas de larga convalecencia he podido  disfrutar de un libro magnífico y bien documentado que cuenta la vida y obra de uno de los poetas más relevantes de nuestra literatura, Miguel Hernández.

Con testimonios y críticas de los que más le conocieron, su autor José Luis Ferris, reconstruye de manera detallada la vida del autor de El rayo que no cesa. Qué mujeres inspiraron sus encendidos versos de amor; por qué intentaron minar su carrera literaria Federico García Lorca; Luis Cernuda o Rafael Alberti; quién evitó que fuera fusilado a pesar de haber sido condenado a muerte en un consejo de guerra; quién o quiénes fueron los responsables de que no saliera de prisión.

Esos puntos oscuros se nos revelan con más o menos claridad. Paseamos por la breve y apasionada vida del poeta pastor de Orihuela. Un Miguel audaz, ciegamente generoso, cuyo compromiso con la vida le llevó a cantar con igual entrega la fuerza del deseo, la plenitud de la naturaleza y la honda grandeza del sufrimiento humano.

En el primer capítulo: Orihuela, 1910 nos describe el nacimiento del poeta y la importancia del lugar de nacimiento con unas características lingüísticas, geográficas, históricas,  culturales y religiosas que marcarían toda la vida de Miguel. Como dice Claude Couffon en el epígrafe:

Miguel Hernández es casi el único poeta que ha sacado una gran
lección de sus raíces, que ha recibido de su infancia y de su
tierra la savia necesaria para alimentar su obra.

Los demás capítulos (siete en total contando el primero) abarcan los diferentes ciclos en la vida del poeta: Primer ciclo: Infancia y deslumbramiento (1910-1925). Segundo ciclo: Adolescencia y primeros versos (1925-1931). Tercer ciclo: Primer viaje a Madrid - Perito en lunas (1934-1936). Cuarto ciclo: Asentamiento en la corte - El rayo que no cesa (1934-1936). Quinto ciclo: El poeta en la guerra (1936-1939) y Sexto ciclo: Persecución, cárceles y muerte (1936-1942).

El libro cuenta también (en sus páginas centrales) con varias fotografías cedidas por los herederos del poeta. En ellas podemos ver a un Miguel Hernández con sus hermanos, la casa del poeta en la calle de Arriba, su cartilla de notas, un Miguel a los 16 años cuando comienza a escribir sus primeros versos, una fotografía de José Marín Gutiérrez (Ramón Sijé) a la edad de 12 años, amigo del poeta y quien le inspiró su Elegía a Ramón Sijé (uno de mis poemas preferidos). Fotografías de las mujeres más importantes de su vida: Josefina Manresa (con quien se casaría), la pintora Maruja Mallo (que tantos versos le inspiró) y María Cegarra.  Vemos fotos tomadas junto a Vicente Aleixandre (gran amigo y benefactor de Miguel), de Pablo Neruda (quien nada pudo hacer para salvar su vida); a Miguel en el frente exhortando a las tropas republicanas y a su bien más preciado: su hijo Manuel.  



 ELEGIA A RAMÓN SIJÉ
.
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)
.
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
.
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
.
.Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
.
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
.
A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
.
(1 0 de enero de 1936)


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