miércoles, 12 de febrero de 2014

ROMANCE DE ABENÁMAR. Anónimo



PUESTA DE SOL. LA ALHAMBRA. Acuarela de Rafael Dueñas



—¡Abenámar, Abenámar,   moro de la morería,
el día que tú naciste   grandes señales había!
Estaba la mar en calma,   la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace   no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro,   bien oiréis lo que diría:
—Yo te lo diré, señor,   aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro   y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho   mi madre me lo decía
que mentira no dijese,   que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey,   que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar,   aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?   ¡Altos son y relucían!
—El Alhambra era, señor,   y la otra la mezquita,
los otros los Alixares,   labrados a maravilla.
El moro que los labraba   cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra,   otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,   huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,   castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,   bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada,   contigo me casaría;
daréte en arras y dote   a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan,   casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene   muy grande bien me quería.




 
EL GENERALIFE. LA ALHAMBRA. Acuarela de Ricardo Gómez

Los romances son poemas cantados, tradicionales, anónimos y más bien populares, que se trasmitían oralmente de pueblo en pueblo, incluyendo en ellos una amplia variedad temática. Circulaban en hojas de pliego, “ciegos”, y no fueron recopilados hasta finales del siglo XIX. Solían ser anónimos.

El Romance de Abenámar es una de las composiciones más destacadas del Romancero Viejo, un conjunto de poemas anónimos elaborados durante los siglos XIV y XV donde podemos hallar la poesía épica y la lírica tradicional. Se trata de un romance fronterizo (romances históricos que hablan de los hombres de la frontera, especialmente de la frontera granadina, donde son contados los sucesos entre moros y cristianos) y de escena, puesto que te introduce en un hecho, ya sea metafórico o real, sin desenlace, sin continuación.

A pesar de ser un romance fronterizo destaca por su calidad y su fuerza poética. Son justamente estos elementos dramáticos y líricos los que alejan al romance del estilo de la épica y le dota de una innegable fuerza expresiva.

Se sitúa en la época del reinado de Juan II de España, antes de la llegada de los Reyes Católicos, en la ciudad de Granada. En un tiempo de convivencia entre musulmanes y cristianos.

El romance nos habla del deseo del rey Juan II de España de incorporar Granada a su reino. Éste es mostrado a través de los diálogos del rey con el moro Abenámar y con la ciudad de Granada respectivamente.  Granada aparece personificada y convertida metafóricamente en una mujer.

El romance se inicia “in media res”, un comienzo muy habitual en el romancero, que consiste en empezar a contar los hechos por la mitad de la historia. No hay una situación previa en el tiempo y en el espacio. Ésta es una tarea que debe ser ejercida por el oyente o el lector.

El Romance de Abenámar tampoco presenta un desenlace: es una historia abierta, sin continuación definida.

Dividido en dos partes, que corresponden a los diálogos que sostiene el rey. La primera parte consiste en el diálogo entre el rey y Abenámar. La segunda parte consiste en un diálogo fantástico y de gran fuerza poética entre el rey y la ciudad de Granada, convertida metafóricamente en una mujer.

El texto sigue el esquema métrico propio de los romances. Se compone de 56 versos octosílabos con rima asonante en los pares con las siguientes figuras retóricas:

Reduplicación del vocativo “¡Abenámar, Abenámar”
Repetición formularia “-dárete en arras y dote / a Córdoba y a Sevilla”
Repetición literal “Casada soy rey don Juan / Casada que no soy viuda”
Derivaciones descriptivas “Moro de la morería”
Libertad en el uso de los verbos “Por tanto, pregunta, rey / Que la verdad te diría”
Hipérbole “Cien doblas ganaba al día”
Personificaciones “Si tú quisieses, Granada / Contigo me casaría”
Anáforas “-El Alambra / Y la otra la mezquita, / Los otros los Alixares”
Aposiciones descriptivas “Labradas a maravilla”

El sentido literal es la historia de un rey que quiere incorporar una ciudad a su reino y que a su vez, trata de cortejar a una dama; el sentido metafórico es el deseo, la pasión, la ambición y los intereses, así como el amor o la exaltación de la belleza. También abunda el valor de la cortesía y la elegancia.

El romance está dotado de un cierto lirismo que llena de expresividad una escena que contada de otro modo carecería de brillantez y sensibilidad. El tono ascendiente en que se expresa el deseo del rey, la admiración y el equilibrio con el que Abenámar describe Granada, la breve y misteriosa contestación de ciudad y mujer, que nos abre camino al suspenso y a la imaginación…
 



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