miércoles, 19 de junio de 2013

HOMENAJE AL PUEBLO SIRIO

El cuento que publico hoy en el blog, y que está incluido en mi libro, Tras las huellas de Sherezade lo escribí en homenaje al pueblo sirio en general y a los hombres, mujeres y niños que conocí en mis estancias en Damasco, Alepo, Palmira, Sednaya, Maalula, Serjilla, etc. A ellos qué tanto me enseñaron, y por todos ellos:

Lloré

La vacía tarde de primavera en que descubrí mi antiguo cuaderno de viajes me llevó a evocar aromas, sonidos, gentes, lugares y paisajes de primaveras pasadas. Lo abrí. De entre sus páginas cayó una flor, y comencé a llorar.

Lloré por el desierto y sus moradores, por el límpido Éufrates y las aldeas que baña; lloré por Palmira y sus ruinas de oro y mármol; por Damasco, por sus zocos, y los imaginé vacíos; lloré por sus mezquitas, por el canto del almuédano, y añoré el dulce despertar que me proporcionaba; lloré por los niños que jugaban al pie de la Ciudadela; por Luis, Mohammed y Maher, nuestros guías; lloré por Mustafá y Víctor, mis proveedores de sedas y perfumes, por Papá Abdalá y sus dagas damascenas; por Huda y Lina, siempre dispuestas a ayudarnos; por Safia, que en una tarde lluviosa nos llevó en su coche hasta el hotel; y lloré por los niños que a la entrada de las Ciudades Muertas me obsequiaron con la flor que ahora reposaba entre las páginas de mi diario.

Sentí infinita conmoción, infinita lástima, y con esas lágrimas restauré el mosaico de mis recuerdos.




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Tras las huellas de Sherezade por Carmen Dorado Vedia se encuentra bajo una Licencia Creative Commons

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